Seguro habrá quienes dirán "Ok, me gustan, ¿dónde puedo verlos?". Virtualmente, en
casi todos los puntos del planeta. Y decimos casi: por ejemplo, si viajas a los
países nórdicos, con muy, muy pocas horas de sol al año con el astro rey tan
alto, por encima de 58º sobre la línea del horizonte, vas a tener imposible
toparte con uno de ellos en pleno esplendor (a lo que podríamos sumar los
cielos habitualmente húmedos). En general, cuanto más sol, mejor: este
gráfico ilustra cómo de probable es que te topes con uno en función de la
ciudad en la que estés.
Houston es un buen
lugar. Ciudad de México, uno aún mejor.
En general, malas noticias para
Europa: estamos demasiado al norte, también los españoles o los italianos.
Madrid lo tiene más fácil que Londres o que Copenhague, a cuyo norte es
sencillamente ilusorio encontrarse con uno, pero sigue estando más al norte y
sigue contando con menos horas de sol que, por ejemplo, Houston, Miami o Los
Ángeles, ciudades estadounidenses más al sur y cuyos veranos ofrecen largas horas
de sol alto a lo largo del día. Lo mismo puede decirse en México, que cuenta
con las condiciones ideales para observarlos.
En este caso, la latitud es la clave, y
cuanto más te alejes del Ecuador, más difícil te lo pones. De modo que si estás
en el lugar adecuado, con el sol en la posición clave, con los cirros en pleno
esplendor y con sus partículas de hielo colocadas paralelamente en relación a
la línea del horizonte, entonces quizás, y sólo quizás, puedas capturar
con tu cámara (o con tus ojos), el incomparable espectáculo de un arco iris de fuego.
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